Irán es capaz de disipar las dudas relacionadas con su programa nuclear, opina experto Vremia Novostei
Estos días, con participación de representantes de la Agencia Internacional de Energía Atómica en Teherán se sostienen importantes negociaciones sobre el programa nuclear de Irán. La comunidad internacional mantiene acalorados debates sobre las “reglas de juego” para los Estados deseosos de tener acceso al uranio enriquecido en el marco del desarrollo de la energía nuclear. Entre los políticos y expertos rusos prevalece la opinión de que por el momento no hay testimonios convincentes de que Irán abrigue los designios de diseñar su propia arma nuclear. Al propio tiempo hay recelos que Irán es capaz de disipar.
En estos momentos, el Kremlin está algo decepcionado con la política y, sobre todo, con la retórica iraní. A los partidarios convencidos de la cooperación ruso-iraní les resulta difícil defender su postura, porque a menudo ellos mismos son incapaces de explicar la excesiva rigidez e inflexibilidad de los colocutores iraníes. A veces causan extrañeza las acusaciones lanzadas desde Teherán contra Rusia, cuando cualesquiera diferencias naturales de la política rusa respecto a la iraní son interpretadas como resultado de ciertos tejemanejes de Washington. Tal actitud no resiste críticas algunas sobre toda ahora que Rusia se empeña en promover nuevo modelo de ordenamiento mundial que recoja los legítimos intereses de los jugadores regionales y globales, tenga por norte la supremacía del Derecho Internacional y de los institutos colectivos internacionales. Si nosotros comprendemos que Irán tiene intereses legítimos en la economía y política regionales y globales, ¿por qué nuestros amigos en Teherán no quieren tomar nota de que Rusia también tiene sus intereses y compromisos internacionales?
¿Acaso Rusia e Irán, teniendo tantos intereses comunes, no sabrán idear juntos una fórmula de arreglo del problema nuclear iraní que respete los intereses de ambas partes y no perjudique las relaciones de cada una de estas dos naciones con otros Estados?
No es ningún secreto que las ambiciones nucleares de Irán suscitan preocupación no sólo en Occidente sino también en los colindantes países árabes. Ahora que Irán es objeto de fuertes presiones psicológicas y amenazas de emplear la fuerza armada, se le ha presentado una oportunidad única de diseñar, junto con Rusia, una fórmula de compromiso histórico. Tal fórmula les permitiría a los iraníes hacer valer su derecho a desarrollar la energía nuclear con fines pacíficos y disipar las sospechas de que abriguen designios ocultos.
Vitali Naúmkin, director del Centro de Estudios Estratégicos y Políticos.
Estos días, con participación de representantes de la Agencia Internacional de Energía Atómica en Teherán se sostienen importantes negociaciones sobre el programa nuclear de Irán. La comunidad internacional mantiene acalorados debates sobre las “reglas de juego” para los Estados deseosos de tener acceso al uranio enriquecido en el marco del desarrollo de la energía nuclear. Entre los políticos y expertos rusos prevalece la opinión de que por el momento no hay testimonios convincentes de que Irán abrigue los designios de diseñar su propia arma nuclear. Al propio tiempo hay recelos que Irán es capaz de disipar.
En estos momentos, el Kremlin está algo decepcionado con la política y, sobre todo, con la retórica iraní. A los partidarios convencidos de la cooperación ruso-iraní les resulta difícil defender su postura, porque a menudo ellos mismos son incapaces de explicar la excesiva rigidez e inflexibilidad de los colocutores iraníes. A veces causan extrañeza las acusaciones lanzadas desde Teherán contra Rusia, cuando cualesquiera diferencias naturales de la política rusa respecto a la iraní son interpretadas como resultado de ciertos tejemanejes de Washington. Tal actitud no resiste críticas algunas sobre toda ahora que Rusia se empeña en promover nuevo modelo de ordenamiento mundial que recoja los legítimos intereses de los jugadores regionales y globales, tenga por norte la supremacía del Derecho Internacional y de los institutos colectivos internacionales. Si nosotros comprendemos que Irán tiene intereses legítimos en la economía y política regionales y globales, ¿por qué nuestros amigos en Teherán no quieren tomar nota de que Rusia también tiene sus intereses y compromisos internacionales?
¿Acaso Rusia e Irán, teniendo tantos intereses comunes, no sabrán idear juntos una fórmula de arreglo del problema nuclear iraní que respete los intereses de ambas partes y no perjudique las relaciones de cada una de estas dos naciones con otros Estados?
No es ningún secreto que las ambiciones nucleares de Irán suscitan preocupación no sólo en Occidente sino también en los colindantes países árabes. Ahora que Irán es objeto de fuertes presiones psicológicas y amenazas de emplear la fuerza armada, se le ha presentado una oportunidad única de diseñar, junto con Rusia, una fórmula de compromiso histórico. Tal fórmula les permitiría a los iraníes hacer valer su derecho a desarrollar la energía nuclear con fines pacíficos y disipar las sospechas de que abriguen designios ocultos.
Vitali Naúmkin, director del Centro de Estudios Estratégicos y Políticos.
11/10/07

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